Valleriola
El apellido Valleriola es uno de los quince llinatges —apellidos— que la tradición mallorquina asoció históricamente con los descendientes de los judíos conversos de la isla, conocidos popularmente como xuetes, término derivado muy probablemente de la palabra hebrea jueu o de su variante dialectal mallorquina. Estos quince apellidos —entre los que figuran Aguiló, Bonnín, Cortès, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valls y el propio Valleriola— constituyeron durante siglos una marca social involuntaria, una señal de identidad impuesta desde fuera que convertía el apellido en algo mucho más que un nombre: en un estigma y, a la vez, en un vínculo de memoria compartida.
El origen del apellido Valleriola remite muy probablemente a la toponimia catalana y valenciana. La raíz combina las voces latinas vallis (valle) con un diminutivo o derivado que puede evocar una pequeña depresión del terreno o un paraje concreto. Este tipo de cognomen de base geográfica fue habitual entre las familias judías sefardíes y conversas de la Corona de Aragón, que con frecuencia adoptaron o fueron asignados con apellidos de lugar al bautizarse forzosamente o al integrarse en los registros parroquiales cristianos a raíz de las conversiones masivas del siglo XIV y, sobre todo, tras los pogromos de 1391 y los decretos de expulsión de 1492. No existe, dentro del registro histórico general conocido, un significado hebreo intrínseco al término, lo que refuerza la hipótesis de que se trata de un apellido de adopción romance, posiblemente vinculado a un lugar de procedencia o residencia de la familia en el momento de la conversión.
La comunidad judía mallorquina, llamada el Call, fue una de las más antiguas y arraigadas de la Corona de Aragón. Ocupaba un barrio bien delimitado en Palma y contó con una importante actividad en el comercio, la cartografía —la famosa escuela cartográfica mallorquina, responsable del Atlas Catalán de 1375, estuvo ligada en buena medida a familias judías o conversas— y las profesiones artesanales y financieras. Tras la conversión forzada y la posterior vigilancia inquisitorial, los descendientes de estas familias fueron agrupados bajo el mote peyorativo de xuetes y confinados socialmente en torno a la calle de la Argentería de Palma, donde ejercían sobre todo la platería y el comercio. Los portadores del apellido Valleriola, como los de los otros catorce llinatges, quedaron atrapados en esa condición heredada de generación en generación, sin posibilidad real de disolverse en el conjunto de la sociedad mallorquina durante varios siglos.
El Tribunal de la Inquisición jugó un papel determinante en la fijación de este estigma colectivo. Los autos de fe celebrados en Mallorca, especialmente el conocido como el Gran Auto de Fe de 1691, dejaron una huella indeleble en la memoria colectiva de la isla. En aquellos procesos fueron condenados, en efigie o en persona, individuos de los quince llinatges acusados de judaizar en secreto, es decir, de mantener prácticas religiosas judías a pesar de su bautismo. Fuera cual fuese el grado real de adhesión a la fe ancestral en cada familia concreta, el efecto social fue homogeneizar a todos los portadores de esos apellidos bajo la sospecha permanente. Las familias Valleriola, como las demás, vieron cómo sus posibilidades de matrimonio, acceso a cargos públicos, ingreso en gremios o entrada en órdenes religiosas quedaban bloqueadas por la normativa de limpieza de sangre, una doctrina que hacía del linaje biológico un criterio determinante para la vida civil y espiritual.
La discriminación formal fue desapareciendo con la abolición de la Inquisición a principios del siglo XIX y la progresiva secularización de la sociedad española, pero el estigma social persistió en Mallorca con notable tenacidad hasta bien entrado el siglo XX. Los xuetes continuaron siendo reconocidos, señalados y en ocasiones segregados socialmente durante generaciones, incluso cuando ya no existía ningún marco legal que lo respaldara. Esta persistencia del prejuicio hizo que muchos portadores de los quince apellidos desarrollaran una conciencia identitaria ambivalente: entre el deseo de asimilación plena y el reconocimiento de una historia singular que los conectaba con la diáspora sefardí mundial. En las últimas décadas, parte de la comunidad xueta ha explorado esa conexión, y algunos de sus miembros han emprendido procesos de retorno formal al judaísmo o de reconocimiento por parte de comunidades judías internacionales, en un fenómeno que refleja el despertar más amplio de la memoria anusim en el mundo sefardí.
Hoy el apellido Valleriola, como el resto de los llinatges xuetes, forma parte de un patrimonio histórico que Mallorca está aprendiendo a reconocer con mayor honestidad y respeto. Instituciones académicas, asociaciones culturales y la propia comunidad de descendientes trabajan para preservar y difundir esta historia, integrándola en la narrativa más amplia de la convivencia y el conflicto entre culturas en el Mediterráneo medieval y moderno. Lejos de ser una marca de vergüenza, el apellido se convierte así en un testimonio de supervivencia: el de una comunidad que, bajo presiones enormes, mantuvo durante siglos —de formas visibles o subterráneas— un sentido de pertenencia que el tiempo no ha logrado borrar del todo.